septiembre 15, 2018

Un paseo por las Islas Revillagigedo


Lic. Fernando Carlos Hernández


Cuando estaba por terminar la licenciatura en Geografía, fui invitado a participar en una expedición de estudio a la Islas Revillagigedo, inscritas recientemente en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; por el Grupo ATENEO (Actualmente ya desaparecido), que se encargaba en aquella época del estudio de la naturaleza en México.


El viaje, se nos informó que sería de 8 días, comenzó en autobús hacia la ciudad de Colima, en donde fuimos llevados inmediatamente al puerto de Manzanillo a abordar un buque de la Marina llamado Cuitláhuac, en donde se dio la bienvenida advirtiendonos que éramos parte del personal y no viajeros; se nos asignaron camas y tareas a desarrollar durante el viaje (que consistió en tres días de ida y tres de regreso) y además se no dijo que la alimentación era para sobrevivir mas no para engordar, en conclusión éramos parte de la tripulación y tratados como tales. El primer día en el barco me fue muy mal ya que me la pasé mareado.


En cuanto a la alimentación, había de todo: llevaban cocineros y unas bodegas con gran cantidad de alimentos elaborados y para preparar. Por ejemplo, de desayuno diario era avena con leche, y un pan de dulce, por la tarde una sopa aguada, arroz, carne o pescado, frijoles, postre (gelatina o helado), agua de sabor (jamaica, tamarindo, horchata, y limón) tortilla o pan. Para la cena avena o leche sola o con chocolate y a veces un par de huevos revueltos con frijoles o a la mexicana, y bolillo o pan dulce.


Las tareas eran muy variadas; a mí me tocó el Puente (en donde vigila uno en la noche) donde por cierto fue muy bonito ver las estrellas y la oscuridad del mar en el horizonte y también estuve en la cabina del radar –efectivamente, no iba uno de vacaciones como pensé en su momento jejeje.


Pero lo interesante para nosotros como parte del grupo de investigación fue cuando llegamos al archipiélago de Revillagigedo (que consta de las islas Roca Partida, Socorro, San Benedicto, y Clarión) en las cuales solo desembarcamos en dos que fueron San Benedicto y Socorro para tomar muestras de suelo, vegetación y poder observar las diversas interacciones con la fauna.


Al tercer día, llegamos a la primera isla que fue san Benedicto que es de origen volcánico. Tiene dos picos prominentes, el más alto, Bárcena, se eleva a una altura de 310 metros cerca de la parte sur de la isla. Tiene la forma típica de un cráter volcánico. La erupción destruyó la mayor parte de la flora y fauna terrestre. Su clima es cálido-subhúmedo con lluvias en verano. En esta Isla nos llevaron en una lancha de goma con motor y nos acercaron a la orilla en donde tuvimos que brincar al mar y medio nadar hacia la orilla en donde nos cambiamos de ropa y caminamos hacia el pico del Bárcena. Al llegar a lo más alto pudimos observar las demás islas así como nuestro barco al cual teníamos que regresar antes del anochecer. Y así lo hicimos, pero ¡oh! Sorpresa, al llegar al barco ya habían servido la cena y ya no nos dieron de comer porque no estuvimos y las reglas son las reglas, pero como habíamos ido con el subteniente del barco, él también tenía hambre y consiguió solo 4 huevos, algo de frijoles y tortillas para que comiéramos (6 personas) algo, pues solo habíamos desayunado la avena.


Al cuarto día nos llevaron a la Isla Socorro que es muy importante ya que en ella está establecida una base naval de guarda y custodia de todo el Archipiélago, aquí no tuvimos que aventarnos al mar para llegar ya que cuenta con un pequeño puerto en donde atracan los barcos que les proveen de alimento y agua potable a la Base Naval, en esta base encontramos casas bien construidas para las familias de los marinos así como escuelas y comedores, al darnos la bienvenida por parte del oficial al mando nos asignaron un par de guías para llevarnos a través de la selva hacia el Volcán Everman que es el monte más alto de esa isla, cabe mencionar que esta es la más grande y también es de origen volcánico como todo el archipiélago pero también diferente ya que cuenta con una gran vegetación, y conejos, víboras, avispas y borregos cimarrones, los cuales los introdujeron para tener carne para comer.


Después de un día completo de caminata hacia el volcán entre la selva espesa; en algunos momentos y en los cuales yo la verdad sentí que estaba perdido, cuando nos hacían la broma los guías al esconderse entre la vegetación (aquí si íbamos todos los que éramos: 12 expedicionarios más los 2 guías). Ese día dormimos en la Isla y al día siguiente abordamos nuevamente el barco para emprender el regreso a Manzanillo.


Fueron dos días más de viaje en barco, y así llegar a nuestro destino final que era el Puerto de Manzanillo. Y así tomar nuevamente el autobús de regreso a D.F.


Y la verdad me siento contento al escribir estas líneas sobre este viaje tan maravilloso que tuve hacia una de las tantas reservas naturales que tenemos en nuestro país y que se debe seguir conservando, ahora ya declarado por decreto Presidencial como “Parque Nacional Revillagigedo”.

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