marzo 03, 2016

PAISAJES DE CAMPECHE: MOCÚ

Biol. Francisco Javier Aguilar Chávez



Si hiciera un top 10 de los lugares más maravillosos del estado de Campeche, definitivamente Mocú entraría, y estaría en uno de los primeros lugares, si no es que en el primer puesto. 

Mocú es un antiguo pueblo maya en medio de la selva de Miguel Colorado, Champotón, del cual solo quedan unas ruinas reclamadas por la selva y una laguna en medio del macizo forestal; Una verdadera belleza natural, poco conocida por su difícil acceso, pero que mantiene la selva bien conservada. 


Era el mediodía del sábado 11 de octubre del 2014 cuando salimos hacia Miguel Colorado en busca de ese hermoso lugar llamado Mocú, llegamos un poco tarde y nadie estaba disponible para llevarnos al sitio tantas veces soñado,  el comisario  nos presentó a Don Ramón, encargado del comité de vigilancia del ejido y quien sería nuestro jefe guía;  acordamos salir en la madrugada del día siguiente. El grupo conformado por otros dos compañeros y una compañera, llenos de ilusión y sumamente emocionados, decidimos acampar en el cenote “Agua Azul”. 


Poco fue lo que dormimos, pues la noche nos regaló una vista impresionante, al principio, con las estrellas y después con la salida de la luna llena que lo iluminaba todo. 

En el cenote, se escuchaban sonidos de aves y monos, grillos y murciélagos, que delataban toda la vida nocturna que no veíamos. Aunque, para ser honesto,  uno que otro animalito si se dejaba ver, como una serpiente Tropidodipsas sartorii, que rápidamente al pasar junto a ella se escondió; otros animales incluso se dejaron fotografiar, como este amblipígido.


Así, llegaron las 4 am, hora acordada con don Ramón para partir hacia Mocú, dos horas de viaje nos esperaban partiendo desde Miguel Colorado y queríamos llegar antes de que saliera el sol. partimos en cuatro motocicletas, manejadas por los guías, la noche aún estaba estrellada y bien iluminada por la luna, el ambiente estaba húmedo, nos cubría una suave neblina, no densa ni alta, cubriendo los cultivos de maíz del camino antes de internarnos en la selva; Un hermoso paisaje como jamás habíamos visto y por la premura de llegar, no pude fotografiar. 

Después nos internamos en un difícil sendero enlodado, al cual, a veces, teníamos que descender y caminar, pues las motocicletas se resbalaban y atoraban, en ocasiones nos desviábamos para luego regresar al sendero principal evitando los árboles caídos que bloqueaban el camino o partes de lodo muy difíciles, había pocos tramos secos, la mayor parte estuvimos entre lodo. A unos 6 kilómetros antes de llegar a la laguna, una moto se descompuso y tuvimos que esperar mientras la reparaban. El cielo empezaba a aclarar, por lo que sabía, el sol ya iba a salir y eso era lo que no quería. al menos, no antes de llegar.


Al fin llegamos a la laguna, era como a las 6:30 de la mañana, y el sol estaba justamente saliendo, desafortunadamente, no llegamos a la hora planeada, sin embargo, el paisaje era maravilloso, mis compañeros y yo nos quedamos fascinados con lo que estaba ante nuestros ojos, a pesar de que no era la primera vez que yo lo admiraba. 


Por encima del agua, en la laguna, se levantaba una pequeña capa de neblina, evaporándose con los primeros rayos del sol. El agua era un espejo, reflejaba el verde de la selva que se elevaba en cerros que encerraban a la laguna.

La mañana ya había llegado, el sol se mostraba ahora completo. La actividad de la fauna que ahí habitaba comenzó: los pájaros carpinteros buscaban su alimento picando los troncos; una serpiente cazaba a una rana, los tucanes se dejaban escuchar, los monos movían las ramas en las copas de los árboles y los patos volaban.


Después de realizar algunas fotografias en la laguna, pedimos a los guías llevarnos a recorrer las ruinas.

En medio de la selva, pudimos observar las pequeñas cosas que solemos pasar desapercibido, hongos, arañas y hormigas encontramos a nuestro paso. La selva estaba llena de vida, una parte se podía ver a simple vista y a la otra solo teníamos que prestarle más atención. 

Allá entre todos los  bienes y servicios que nos regalaba Mocú, como la belleza paisajística, el aire y sombra que no solemos valorar, estaban aquellos recursos más fáciles de valorar, como los frutos de los árboles. Entre estos, nos encontramos, cual venerable anciano descansando, a un majestuoso ejemplar de chicozapote (Manilkara zapota), que con las cicatrices de su enorme tronco, nos mostraba su otrora época de gloria, donde, con su savia, dio vida a una dinámica industria chiclera de la que, hasta mediados del siglo pasado, dependía gran parte de la economía Campechana. 


Nos dieron las 11 de la mañana dentro de la selva, ya iba acercándose la hora de regresar, aún quedaban dos horas de viaje de retorno a Miguel Colorado, para descansar y seguir el camino para buscar otros paisajes de Campeche.


Para despedir a Mocú decidimos ir al mirador, donde se podía observar completamente la laguna, que en el pasado fueron tres lagunas separadas.


Después de descansar y contemplar el paisaje desde arriba, emprendimos el regreso con un buen sabor de boca pero con las ganas de haberle querido robar más tiempo al tiempo para fotografiar todo lo que no pudimos. 







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