junio 06, 2015

¿Y esto para que me sirve?

Carlos Angeles
caedanto@gmail.com


Muchas veces al estar dando clases a chicos de entre 12 y 17 años de edad, y supongo que al igual que muchos profesores, me han preguntado: ¿Y esto para que me sirve? Supongo que algo estamos haciendo mal para que un estudiante no tenga clara la razón por la que debe de adquirir ciertos conocimientos básicos, sobre todo los que abarcan disciplinas científicas como la química o la física. He de admitir que a pesar de mi gusto por la ciencia desde temprana edad, en algún momento de mi vida también odie a mis profesores y cuestionaba la importancia de lo que pretendían enseñarme.

Fue solo hasta que empecé a dar clases de regularización que busqué una respuesta que no se ajustara al deseo de no tener que estudiar. ¿Porqué los gobiernos se empeñan en brindar educación básica obligatoria? Queda claro que materias como matemáticas o español son de suma importancia para el adecuado desarrollo, que brindan las herramientas básicas para comunicarse y desenvolverse en una sociedad; que hay áreas de las ciencias naturales que necesariamente deben ser abordadas para que los individuos tengan claros conceptos que van de la salud a las características del medio en el que se vive; o que materias como historia o civismo están destinados a forjar la identidad y pertenencia a la sociedad en que se ha nacido, pero más allá de eso, cuando hablamos de temas como el álgebra, los enlaces químicos o los tipos de ondas que existen, las cosas empiezan a dejar de ser claras y no es raro que incluso un profesor sea incapaz de explicar la importancia de tales conocimientos, si no me creen pregúntenle a uno de matemáticas para que le sirve a un ciudadano cualquiera aprenderse la formula general para resolver ecuaciones cuadráticas.

La respuesta, creo es sorprendentemente sencilla: conocer el mundo en el que vivimos y tratar de encontrar un lugar en él, que nos brinde un grado de bienestar aceptable. Esto no solo implica conocer el sistema que rige a la sociedad en la que nacimos, ni aprender a amar los símbolos nacionales con la finalidad de portarlos en los encuentros deportivos, o saber lo suficiente para leer letreros y que no nos hagan tontos cuando manejamos dinero. No, el conocimiento que se adquiere desde primaria y hasta preparatoria debiera servir para mucho más que lograr cursar una carrera.

Hay dos áreas en las cuales la educación básica me parece que incide lo suficiente como para replantearnos como profesores la forma en que abordamos los temas que impartimos. Una es la que tiene que ver con la forma en que funcionan las sociedades, como se generan las riquezas de los países, que caracteriza a los distintos tipos de gobierno, como funcionan los órganos gubernamentales para mantener a un país en marcha, etc. En el caso de nuestro país el desconocimiento sobre estos temas es tan abrumador que los partidos políticos siguen empleando tácticas añejas, como regalar despensas o colgar anuncios para ganar votos, a sabiendas de que la gente rara vez entiende o cuestiona sus propuestas y menos aun es capaz de hacer un análisis certero del porque un payaso o un deportista son candidatos apuestos políticos. De igual manera, la ignorancia de estos temas permite que las grandes decisiones que afectan al país ya sea por que son políticas económicas cuyos resultados serán visibles hasta años después de haberlas implementado o por que son decisiones de índole legal que afectan la calidad de vida de grandes sectores de la población, como los maestros, sean tomadas por pequeños grupos que en general solo cuidan sus intereses sin esforzarse en encontrar soluciones reales y duraderas a los problemas que aquejan a la sociedad; ahí tenemos la gran guerra calderonista contra el narcotrafico que para lo único que sirvió fue para dejar claro que los delincuentes están mucho mejor capacitados y equipados que las instituciones encargadas de combatirlos. La ignorancia nos cuesta a todos, el que un adolescente o un joven no tengan el menor interés en estos temas por que no tiene ni idea de para que le sirven mas allá de ganarse una calificación, implica que casi con seguridad serán adultos desinteresados en temas sociales, sin conciencia social plena, ni ideología política definida; un votante (si acaso vota alguna vez) que regalará su voto al candidato o partido que mejor le caiga en base a impresiones personales y no por la conciencia plena de que su propuesta es la mejor para la sociedad.

El otra área de vital importancia para el bienestar personal, que está íntimamente relacionada con el paso casi a ciegas por el sistema educativo, es la que incluye los conocimientos científicos básicos que permiten entender como funciona el mundo, física, química, biología y geografía entre otras, incluso a niveles básicos nos dan la herramientas necesarias para saber que es mejor ir al doctor que al curandero, que si un medicamento tiene instrucciones claras sobre su preparación o conservación, debemos seguir tales instrucciones al pie de la letra para evitar que deje de ser útil, o bien que las terapias con imanes, la alineación de los chacras o las buenas vibras no sustituyen un completo tratamiento medico para combatir el cáncer. Si la cantidad de gente que no tiene idea de política y relaciones internacionales es abrumadora, aquellos que creen en alguna pseudociencia son muchísimos más, y no se trata solo de tener creencias personales, son cuestiones que pueden incidir terriblemente en la salud y la economía, de un individuo o una familia; incluso de un país, como cuando los gobernantes deciden comprar equipos de detección de drogas a precios exorbitantes, que resultan ser una estafa que no sirve para nada. O los que gastan millonadas en consultar brujos y adivinos para tomar decisiones de estado. Aprovechar el conocimiento científico mínimo que se imparte en la enseñanza básica nos puede salvar de ser embaucados por charlatanes médicos que solo ponen en riesgo la salud de las personas, y nos ayuda a cuidar la economía familiar, en ambos casos al brindarnos herramientas que sirven para evaluar si un tratamiento o un aparato revolucionario en realidad pueden hacer lo que sus vendedores ofrecen. La ignorancia cuesta, el analfabetismo científico es aún más peligroso cuanto más propensos somos a seguir ciegamente a personajes carismáticos sin detenernos a evaluar si sus palabras tienen sustento o solo son paja que adorna un discurso abusivo.

La ignorancia mata, lo hace en África donde la creencia en la brujería aun provoca cientos de muertos, lo hace en Asia, donde la industria de los remedios "tradicionales" vende tratamientos que engañan a sus consumidores haciéndoles creer que están curándose hasta que su enfermedad es imparable, lo hace en Europa y América, donde los que creen que las vacunas hacen daño están provocando brotes de enfermedades que se tenían controladas, lo hace con cada dolar que se invierte en industrias que engañan con sus remedios mágicos y productos milagrosos, en lugar de invertirse en investigaciones científicas que de verdad promuevan un bienestar en las personas. Desdeñar el conocimiento es ponernos en riesgo; así que la próxima vez que un alumno pregunte "¿Para que me sirve esto?" mas vale que tengamos una muy buena respuesta de acuerdo a nuestra especialidad. ¿Quien sabe? Podríamos estarle salvando la vida.

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