mayo 26, 2014

La gran hermandad universitaria



Cuéntame una de vaqueros Janpol

En una calurosa mañana, días después del temblor de Semana Santa, una joven deambulaba por el segundo piso del segundo edificio de la Facultad de Medicina Veterinaria, entró al departamento de nutrición animal, después de revisar algunos cubículos que estaban vacíos, tocó a la puerta de cristal del cubículo 5, desde el interior le hicieron una seña de que entrara.

Hola Profesor, ¿me permite unos minutos?

Hola pequeña, siéntate estás muy pálida. ¿Te sucede algo? ¿Te sientes bien?

Mi nombre es Mitzi, ay profesor estoy muy confundida, todos me abruman, mi familia, mis amigos de la secundaria y prepa, mis compañeros de la Facultad, el pesado de mi tutor que me exige reportes cada mes, la calificación mínima de ocho para mantener la beca, mi tarjeta de crédito y hasta mi galán se quiere pasar de lanza. Ya no quiero ver el Facebook ni mi e-mail. Acabo de salir de consulta con la ginecóloga y me dice que tengo endometritis. A veces presiento que me voy a desmayar y eso me asusta.

Toma un poco de agua Mitzi, descansa, mientras yo veo mi correo. Te presto mi sillón es más cómodo. Tienes que ver a un médico, supongo que por la endometritis estás anémica y por eso te mareas fácilmente.

Y ¿usted como sabe de esto si es del área de nutrición animal?

Ah, pues la mujer del primo de un amigo tuvo un proceso parecido, le habían
diagnosticado endometritis, figúrate que se quedó dormida manejando en la autopista México-Cuernavaca a la altura de San Pedro Mártir, iba manejando por el carril de alta velocidad, de pronto se le cerraron los ojos y se despertó cuando la llanta y la salpicadera anterior izquierda se raspaban contra el camellón.

Y ¿no le pasó nada?

Aparte del susto, creo que no ocurrió nada. Pero volviendo al asunto, aparte del cuadro anémico debes atenderte el problema nervioso; ¿sabes?, los estudiantes de la Universidad tienen derecho a asistencia psicológica gratuita.

Si profesor, pero en este momento tienen prioridad otras personas, y a mí me dieron cita hasta dentro de cinco semanas, y mientras tanto, ¿qué hago?

Pues encaremos el problema. Tienes un trastorno nervioso; yo no puedo ni debo diagnosticarlo, debe ser controlado por un especialista. Afortunadamente conozco a una psicoanalista muy profesional que me atendió en alguna ocasión, era algo parecido, quizás ella nos pueda ayudar o sugerir a otro especialista. Ella trabaja cerca del metro Copilco.

¿Y cómo voy a pagar la consulta profesor?

Por eso no te preocupes, este mes recibí un vale extra que nos alcanzará para cubrir dos o tres consultas. Por mi mujer no te apures, ella es una mujer sensible a este tipo de situaciones. Esta es la dirección, pide que de preferencia te atienda la Dra. Calderón, espero que todo salga bien.

Unos meses después…

Hola profesor, no pude verlo antes, se atravesaron las vacaciones de verano y se complicó todo. Llevo tres consultas con la Dra. Calderón, lo manda saludar. Me recetó algunos antidepresivos, un tanto caros, pero muy efectivos.

Y ¿Cómo le hiciste para pagar las consultas?  

Pues pedí dinero prestado.

No te preocupes yo te repongo esas consultas.
Sabe profesor, ahora que tomo los medicamentos me doy cuenta que los monstruos que tenía en mi cabeza eran producidos por mi ansiedad. La Dra. Calderón me dice que en unas tres semanas ya estaré estable.

Y, ¿ahora cómo te sientes Mitzi?

Más relajada, porque le di prioridad a mi salud, me desconecté temporalmente de mis amigos, estoy aprendiendo a distinguir lo urgente de lo importante, conociendo mis aptitudes, separando las cosas de las que soy capaz de las que no, asumiendo los compromisos a los cuales me comprometí y renunciando a aquellos que son imposibles: estoy tratando de diferenciar la esencia de las cosas. Dejé de lado lo que los demás esperan de mí y estoy construyendo mi propio proyecto de vida, esta dinámica me está liberando de muchos demonios que asediaban mi mente.

En qué tiempo tan corto has cambiado Mitzi.

Si profesor, en estas últimas tres semanas he aprendido más que en los últimos diez años de mi vida. Siento como que desperté de un profundo sueño, al principio medio modorra, pero al paso del tiempo mi mente se volvió más clara y más perceptiva. ¿Porque no desperté antes?

No era aún tu tiempo, estabas en una etapa de evolución espiritual.

¿Y eso le pasa a la mayoría de las personas?

Algunos que saben sobre esa materia aseguran que algunos despiertan en etapas tempranas, otros en forma tardía y a algunos no les alcanza la vida para abrir los ojos del espíritu.

El tiempo continuó su marcha implacable, y algunos años después…

Hola profesor, se acuerda de mí soy Mitzi, hace algunos años usted me ayudó en un momento crítico en mi vida.

Hola Mitzi, ¿cómo te va? Si recuerdo cuando un día entraste muy desconcertada por esta misma puerta.
Su ayuda fue fundamental, sabe hoy me recibí y le vengo a entregar en mano mi tesis, en los agradecimientos usted aparece en primer lugar.

Muchas gracias Mitzi, no te hubieras molestado.
Hay una pregunta que hace tiempo me hago profesor y quisiera que usted me ayudará a despejarla.
Pues tú dirás.

Sabe profesor, esa vez que lo conocí fue algo fortuito, necesitaba hablar con alguien, yo no fui su alumna directa, ni sabía que trabajaba en la Facultad, iba buscando a una doctora que me habían recomendado, por mera casualidad entré en su cubículo. Usted me atendió pacientemente y me canalizó con la Dra. Calderón. Poco a poco las cosas se fueron acomodando y fui resolviendo mis problemas. En esta dinámica comencé a sentirme apegada a usted, y alguna vez hasta lo vi guapo.

A ver Mitzi, no confundas las cosas.

Dígame profesor, acaso no siente lo mismo por mí, no le gusto.

Eres una chica linda Mitzi, para mí ha sido un privilegio ser uno de tus compañeros en este tramo del camino. Pero nada más, yo soy como tu hermano mayor y tú eres la pequeña e inexperta hermanita menor.

Cuénteme una de vaqueros, cree que le voy a creer esas cosas profesor. Nadie da algo a cambio de nada.

Tienes razón Mitzi, nadie da algo a cambio de nada.

Ahora ya me tiene súper confundida. Explíqueme por favor.

Hace unos treinta años, cuando yo era estudiante allá en una Universidad del norte de México viví una situación parecida y la vida me agobió. En forma fortuita conocí a una profesora muy guapa que me orientó y ayudó a solucionar mis broncas. Ya sabes, ella era muy linda y con la ayuda de las feromonas yo la veía como si fuera Marylin Monroe.

Después de tener una corta relación maestra-alumno observó que ya iba superando mis broncas. Ella como buena psicóloga, percibió que mis sentimientos iban a interferir y se adelantó a los hechos. Una mañana cuando fui a verla me habló de manera cortante: ¿sabes? a partir de este momento ya estas dado de alta, está es la última vez que nos vemos, a partir de este momento cada quien caminará por su propia senda.

Ya en tono más suave musitó: sabes guapo, a mí también me gusta tu compañía, pero no creo que sea razón suficiente como para algo más serio. Ahórrate darme las gracias, y tienes una deuda conmigo y con la vida.

Desencajado, desangelado y decepcionado aguarde en silencio.

Discúlpame baby, viéndome con una cariñosa mirada dijo: perdóname por ser tan ruda, para mí también es difícil hacer esto. Por si no lo sabes soy tu hermana mayor en la gran hermandad universitaria.

¿Y qué es eso? pregunte mortificado.

Pues somos un grupo selecto de profesores de diferentes carreras, nos llamamos así. En algún momento rescatamos a algún estudiante en apuros y nos convertimos en su un hermano mayor, lo estabilizamos, orientamos hasta que llega el momento del destete.

Pero esto no es gratis sabes, al integrarte al grupo adquieres un serio compromiso ya que en el futuro al menos una vez en tu vida profesional vas a ayudar a un hermano o hermana menor.

Por la amistad que tenemos acepto con gusto el reto, respondí.

Sin embargo, ella me advirtió que tendría pruebas difíciles que superar. Hay varias reglas, por cuestión de método. El maestro y el estudiante deben ser de distinto sexo.

Oiga profesor, y si el maestro y la estudiante se enamoran.

Pues entonces tienen que abandonar la hermandad.

Además mi hermana mayor de entonces me advirtió, las futuras hermanas estarán mejor alimentadas y tú sabes más lindas y con argumentos más convincentes.

Acepto el reto hermana mayor, le dije.

Después de esto el profesor se quedó viendo el cielo por un buen rato; de pronto escucho una frágil voz:
Profesor, profesor, regrese del pasado.

Ah, sí Mitzi, ¿En qué estábamos?    

Profesor, ya sabe las chavas de mi edad a veces estamos bien deschavetadas, en una ocasión pensando que usted era gay, me vestí más provocativa para ponerlo a prueba, pero tal parece que usted ni lo notó, el que si se puso listo fue su ayudante que días después me invitó a salir.

Ah que chamaca tan traviesa, ese muchacho no es de la hermandad, ten cuidado. Por lo visto ya no me necesitas, ya es momento de que emprendas el camino sola, o con algún otro acompañante. Pero tienes una deuda pendiente.

Está bien Hermano mayor acepto el reto.

Ya sabes pequeña hermana, con la alimentación moderna y el uso de anabólicos te va a tocar atender a unos hermanos menores musculosos, sudorosos, así como dice Federica Peluche.

Mitzi, con una sonrisa franca y con la mirada luminosa dijo en voz alta.

Pues cuando se presente la situación me las arreglaré Hermano mayor. Pero una cosa. ¿Por qué no nos modernizamos con esos nombres de hermano mayor y hermanita menor van a pensar que somos como de la edad media. ¿Por qué no los cambiamos por algo más actual?

Entonces que sugieres Mitzi.

Pues no sé, big brother y little sister.  

Es que ese primer nombre está bien choteado, con eso de los programas de la tele.

Bueno, ¿Y por qué no acortamos a big bro y Little sis?

Me parece bien Little sis.

Enteramente de acuerdo big bro.

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