marzo 01, 2014

TIEMPOS DE AYER (Una visión del México antiguo)


MVZ David Silva Olvera
… es inconcebible que en pleno siglo XXI se siga distorsionando nuestra historia, desafortunadamente la desinformación nos ha bloqueado a tal grado que hemos olvidado las verdaderas raíces de nuestro pueblo, aunque sus bases en la actualidad sean cada día más débiles.
En México precolombino, o prehispánico, el territorio estaba dividido en dos áreas culturales: El primero Mesoamérica; que ocupaba desde el centro sur del país y llegaba hasta territorios de Guatemala, Belice, parte de Honduras y El Salvador; el segundo, poco menos conocido, llamado Aridoamérica, al cual correspondía la porción norte de México y parte del sur de los Estados Unidos.
En Mesoamérica se desarrollaron civilizaciones que llegaron a formar estados e imperios, dos grandes ciudades son de mayor importancia, Teotihuacán que llego a ser la primera urbe de todo el continente, que floreció desde el siglo I al siglo IX d. C., la segunda fue Tenochtitlán, ubicada en la actual ciudad de México, y en la cual habitó el grupo cultural conocido como azteca, o mexicas, desde los siglos XI hasta la llegada de los españoles a principios del siglo XVI.
Los Anahuakas eran un pueblo con un gran desarrollo científico. Dominaban las matemáticas, física, biología, la medicina y la ingeniería, también desarrollaban grandes expresiones artísticas en la arquitectura, la escultura, la pintura, la literatura, la oratoria, la poesía, la música y la danza; en la astronomía también tenían grandes avances. Básicamente su cultura giraba en torno a la armonía con la naturaleza, a la reflexión y a la asimilación de los fenómenos naturales y sociales.
Su agricultura tuvo gran desarrollo, lo que los había llevado milenios atrás a dejar una vida basada en la caza y la recolección y empezar una vida sedentaria en aldeas y ciudades. Sin embargo, por no contar con mamíferos domesticables que les sirvieran como animales de tiro, la ganadería nunca se produjo en el Anahuak.
Además tenían un zoológico impresionante que, por cierto, este no era propiedad del tlahtoani como erróneamente pensaron los españoles, tal vez porque estaban acostumbrados que de todo tenía dueño privado, sino que pertenecía a todo el pueblo mexihka. En este zoológico tenían muestra de todos los animales conocidos, a los cuales los alimentaban con la dieta propia de su especie. Tenían jardines esplendorosos, que impresionaron vivamente a los europeos, donde cultivaban y estudiaban la vida vegetal, desde luego mucho antes que Lineo, considerado padre de la Taxonomía lo estudiara en el siglo XVII e incluso previamente que se escribiera el código Badiano, tratado que describe las propiedades curativas de las plantas empleadas por los mexicas, descrito en náhuatl por Martín de la Cruz que posteriormente traduciría Juan Badiano en latín en 1552.
También ellos tenían aviarios muy sofisticados de los cuales las últimas investigaciones indican que han existido 9881 especies de aves, agrupadas en 27 órdenes diferentes, de ellos la familia Falconidae, que incluye caracaras, águilas, aguilillas y otros, son los de mayor uso, representación e inquietud en la iconografía prehispánica. El símbolo del escudo mexicano, un águila devorando una serpiente encima de un nopal, revela el sitio donde se había de fundar la gran Tenochtitlan. Sirva el ejemplo anterior como evidencia de la importancia de estas aves en México prehispánico.
Para los antiguos habitantes mesoamericanos estos animales se emplearon en actividades de sacrificio, o rito, dedicados a sus dioses. En Teotihuacán se han descubierto esqueletos completos de estos animales enterrados dentro de jaulas de madera, mientras que los textos del siglo XVI hablan acerca del método que tenían para llegar al nido de las aves rapaces y robarse los aguiluchos: Lo anterior era aprovechando que la madre era distraída al atacar un cuerpo de palma, al que consideraba el verdadero intruso, aprovechando el momento los hombres tomaban los polluelos y los mantenían cautivos varias semanas hasta que llegaba el momento de utilizarlos, como lo describe en sus publicaciones el doctor Raúl Valadez del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.
Una de las aves de presa de mayor simbolismo y admiración es el águila real (Aquila chrysaëtos) (Reid, 1953) que para la cultura mexica o azteca era conocida como iztquauhtli. El águila sobre el nopal fue la señal de donde se había de fundar la ciudad de México-Tenochtitlan, y hoy en nuestros días está imagen se conserva como emblema del escudo nacional mexicano. Entre los dibujos tejidos en tilmas y enaguas aztecas o mexicas, figuraban las garras del águila, símbolo de la diosa terrestre-Coatlicue.
En algunos casos, los falconiformes han servido en el México prehispánico como indicador de condición ambiental, es ejemplo el necuilitli (Falco columbarius) que señalaba el inicio de las heladas que afectan las cosechas tanto de maíz, como de fríjol, ya que es un ave que visita el centro de México en el mes de octubre, cuando comienza a presentarse este fenómeno.
En la medicina prehispánica el uso de las aves de presa se puede ver en distintas aplicaciones, e incluso, se usaba como remedio para enfermedades muy específicas. Por ejemplo, según las fuentes del Siglo XVI el zopilote real (Sarcoramphus papa) ave carroñera que habita de manera típica el sureste mexicano, costas del Pacífico y costa del Golfo de México, y que en lengua azteca se le llamaba cozcaquahtli, es buena contra la úlcera aplicando las plumas, lo que se complementa comiendo la carne mientras dura la enfermedad.
También para esta época el halcón (Herpetotheres cachinnas), en nahuatl hoatzin, se menciona como un ave de mal agüero, aunque por otro lado se dice que sus huesos calman los dolores por desgarradura muscular, mientras que el humo al quemar sus plumas restituyen la razón a los enajenados por esta enfermedad. Además se dice que las cenizas de sus plumas curan el mal gálico. También se recomienda el uso de la piedra del buche para un remedio contra la epilepsia y sus excrementos como ingrediente de un bebedizo que se da a las parturientas.
Las fuentes coloniales, mencionan que de las águilas son utilizables diversas partes de su cuerpo, por ejemplo; los nervios del cuello y las patas, los huesos como punzón, además del ala, el excremento, el corazón y la piedra del buche que servían como ingredientes de remedios contra el dolor de cabeza, dolores de articulación, problemas de parto, dolor de vulva o como remedio que alivia a los moribundos respectivamente. Las fuentes históricas también señalan que se utilizaba la hiel del gavilán como remedio para la caspa, mientras que la sangre y las patas se usaban contra los problemas de articulación.
Cabe mencionar que durante la Academia de la Lengua Náhuatl realizada en 1953, Santiago Jacobo Rojas, Pablo García, José González Rodríguez y Byron Mc Affee determinaron los 18 sonidos de la lengua náhuatl A, CH, E,I,L,LL,K,M,N,O,P,T,U,X,Z,TL y TZ (los dos últimos no existen en español), los sonidos R,Ñ,W,B,G,D y F no existen en náhuatl. A esto decidieron que las guturales fuertes como la ce de casa, cu de queso, ke de kilo, llevasen todas las K y la ese de Saúl, ce de casa y zeta de zapato llevasen todas las Z, así como la letra K, se usa para la C, Q, y R y la Z para la C, S, Z. Esto como lo describe el maestro Pablo Moctezuma Barragán en su libro (Moktezuma y el Anahuak una visión mexicana).
En cuanto a la salud y su cuidado en el México antiguo tenían una cosmovisión propia con sus concepciones de enfermedad-salud, vida-muerte, producto de siglos de experiencia de las sociedades del Anahuak.
Para la salud, es indispensable la alimentación, puesto que es la base. La dieta mexihka era buena, además del maíz, chile y calabaza, contaban con el tekuitlat o alga espirulina que cosechaban en los lagos, consumían hierbas, flores y frutas, comían insectos como el gusano de maguey, jumiles, peces, aves y carne de venado, cerdo montés, conejos, tejones, entre otras especies animales. Estos alimentos son ricos en proteínas, sobre todo vegetales y vitaminas, por lo que la población estaba bien nutrida con una alimentación balanceada.
El medio ambiente también es un factor vital. La ciudad estaba rodeada de bosques y lagos con aire puro y saludable. Contaban los habitantes de México-Tenochtitlán con servicios públicos, agua potable, que traían en dos acueductos
En la época prekuauhtemika no hubo grandes epidemias, a excepción de la de 1454, ni proliferaron las enfermedades infecciosas. Posteriormente, en la colonia, se sucedieron las epidemias, tan solo en el siglo XVI tres epidemias, entre las que se encuentran la kokoliztli (sarampión) y la matlazahuatl (tifoidea), las cuales diezmaron aquella población.
Una madre observaba a sus niños corriendo y jugando:
- Iztaxochitl ven, ven mira ven…
- No Tepeyolotl me vas a mojar
- Ven acércate, quiero mostrarte algo.
- Si me mojas te acuso con mi mamá.
- Mira,  este es el palo de guayacán, sus hojas curan el mal de bubas, éste otro es el palocuate y su agua sanan los riñones, la cañafístula purifica la sangre…
Esto decía Tepeyolotl a su hermanita, cuando escuchó decir a su padre Ilhuicamina un día que fueron a cosechar maíz: “…eres bendita tierra mía, ¡oh madre que todo nos das y nos procuras, gracias a ti tenemos vida, debemos honrarte por tanta bondad al darnos comida y sustento.
Mira hijo… la  naturaleza todo tiene, pero sobre todo, un fin noble y embellecedor porque ella nos enseña y protege, en verdad somos afortunados, por eso hay que agradecer a tal  grandeza, perfecta e infinita…

Como en todas las sociedades humanas, las malas prácticas se hacen costumbre y la costumbre se vuelve ley, sin embargo no se debería ver el pecado como algo malo, que nos aleja de Dios, sino como una oportunidad de trascender como ser humano, trabajar con unidad, con respeto hacia nuestros semejantes, liberándonos de ataduras y temores que nos anquilosan y aniquilan desde lo más profundo de nuestro existir, el ser incluyente, que sea todo un ejercicio y ponerlo en práctica, cambiando de conciencia… Tal vez el legado de nuestros ancestros en estos tiempos de transformación, consiste en que aceptemos con humildad y agradecer la enseñanza de la vida que nos hizo adquirir nuestro aprendizaje y asumir con responsabilidad nuestra misión que todos y cada uno de nosotros tenemos; y con sabiduría tomar la decisión correcta durante el transcurso de nuestro camino, para ser felices, ya que una especie inteligente lo que hace es sobrevivir y preservarse, en tanto no acceda al entendimiento de su función existencial, no podrá cambiar de conciencia y cuando accede a tal condición, nuestra existencia en el mundo cobrará sentido.

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