septiembre 02, 2013

PICHULA



Mvz Silvia Estela Rivera Melo
Dragoncito


A casi un año de su partida, hoy quiero hacer un homenaje a uno de los hombres que dieron vida a la ganadería del trópico campechano, en especial en la raza Simbrah. Hombre, Esposo, Padre, Amigo, Dueño y Soñador, palabras que definen a final de cuentas todo lo que enmarcaba este hombre en la vida de todos los que le conocieron y tuvieron la oportunidad de convivir un momento con él.

Papá Rach, como fue conocido, ha dejado un legado de vida, trabajo y porvenir a quienes quedaron en su lugar, dueño de una mina de sueños, de un montón de ilusiones y realidades, heredó a la ganadería Campechana, uno de las explotaciones más antiguas y productivas del estado de Campeche.

Actualmente he sido parte del grupo de trabajo que lucha día a día, por conservar intacto ese proyecto y esa fábrica de ilusiones que se difunde en hembras y sementales para pie de cría, que siguen fomentando que crezca la ganadería campechana.







Así que, Papá Rach, donde quiera que te encuentres y nos acompañes, espero que te sientas orgulloso de quienes han tomado tus ideales en sus manos, luchan día a día por preservar tu sueño, tu trabajo y tu vida.

En el Municipio de Tenabo, Campeche. Podemos encontrar uno de los ranchos que más trayectoria ha tenido en la ganadería Campechana, sustentando la bandera de pionero de la raza Simbrah en el trópico Campechano.

Uno entra por esas puertas, y siente la calidez de su bienvenida, y el gran amor con que cada una de sus cercas ha sido forjada, con la inspiración que solo un soñador puede tener y expresar en las obras que realiza al caminar diario.

Así es, eso es lo que uno siente en su entorno, mientras camina a las instalaciones que albergan a los animales, fruto del trabajo en equipo de todos los que siguen manteniendo este sueño, con su labor diaria, su esfuerzo continuo y su deseo de seguir viendo al rancho, como lo que es, uno de los principales productores de pie de cría de la raza Simbrah en el estado.


Así es como cada uno de estos hombres entrega cada día a día sus habilidades para poder tener en orden el reto que implica un rancho, una inseminación perfecta, una alimentación adecuada y a tiempo, un manejo apropiado del hato, un manejo correcto de los becerros que serán en un futuro los grandes representantes en la feria.



Todo su esfuerzo unido para llegar a un solo paso que marca la diferencia y el lugar que llevan en las ferias campechanas, la venta de estos preciosos animales que se dejan acariciar en los eventos, y que seguirán mostrando que Pichula es y será, un mundo que renace en cada nacimiento y en cada venta.
 
Simple y llanamente, el sueño que un hombre tuvo un día, que luchó por realizarlo y que hoy, continua siendo fomentado y cuidado, para que pueda seguir siendo lo que fue, es y seguira ciendo Pichula una fantasía materializada para seguir creando ilusiones que se vuelven realidad.

 

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