febrero 21, 2012

Historia de la apicultura en México


Año 12 Vol. 12 No. 1/Febrero 2012


Edyara Vidal





Introducción.
La apicultura es la ciencia y arte que estudia el cultivo y manejo de la abeja melífera del género Apis. No obstante, también se consideran otras especies de himenópteros con potencial de polinización y de producción de miel. La especie Apis mellifera (y sus sub-especies o ecotipos) es de interés especial por ser la más productiva y como consecuencia de esto, la más manejada en la apicultura a nivel mundial.

Las abejas necesitan de las flores y con ellas marca su existencia, en una relación de absoluta interdependencia, por otra parte, más y mejores serán los frutos y las semillas de las plantas cuando en sus inflorescencias laboran con su natural esmero, las abejas. De esta forma se establece un paralelo evolutivo sin precedentes condicionando a lo largo del tiempo las características morfológicas de las abejas y las flores con una notable complementariedad, como una llave y su cerradura. Es cierto que muchos otros insectos polinizan y el polen también puede ser esparcido por el aire hasta el receptáculo femenino, pero las abejas fueron las únicas que realmente se especializaron morfológicamente desarrollando estructuras especiales para valerse del polen y los néctares con la mayor eficiencia, su propia carga electrostática, producida por la exuberante vellosidad de su cuerpo atrae a los granos de polen, aún cuando no haya tenido contacto físico con la flor.

Es imposible esbozar con linealidad dónde y cuándo ocurrió el hecho en que el hombre intentara domesticar o cultivar a la abeja, pero ésta estaba disponible quizás en el agujero de un árbol, o en una grieta entre las piedras, o quizás ella misma hubiese procurado domicilio cerca de la entrada de la caverna donde habitaba. En España, en un lugar de Valencia, sobre el río Cazúnta está “La cueva de la araña”, y en una de sus paredes, aparece inscrita la huella de una acción plástica paleolítica o pintura rupestre que representa sin márgenes de dudas a un hombre recolectando miel entre abejas a 6.000 o 9.000 años AC. También existen en Altamira frescos rupestres Mesolíticos de aproximadamente 7000 años AC de las hazañas llevadas a cabo por gente que cosechaba colonias silvestres durante ésa época. En algunas partes del mundo dónde los recursos económicos son limitantes, todavía se practica esta actividad de cosechar miel, cera, polen y cría a colonias silvestres. Desgraciadamente, éstos métodos primitivos son sumamente detrimentales para la colonia y no permiten una producción racional y lucrativa ya que se matan a las abejas –para llegar a los panales sin ser picados- ; si no se matan, se destruyen los panales y la estructura de la colonia a tal grado que con frecuencia ésta sucumbe poco tiempo despúes, y no permite el manejo efectivo del nido de cría –lo que reduce significativamente su capacidad de producción.

En los tiempos de las grandes civilizaciones –Egipto, Mesopotamia, Persia, la antigua China- el hombre ya se las había ingeniado para lidiar con las abejas y la miel era considerada un producto sumamente codiciado por “dioses y reyes”, referencias a la miel y sus propiedades podemos encontrar en innumerables textos antiguos de casi todas las culturas; forma parte de leyendas –como en la del dios Zeus que fue alimentado con miel, de ahí su poder tan grande-, se menciona en la mitología escandinava –sus dioses se embriagaban con aguamiel-, en el Antiguo Testamento –se hace alusión a la tierra prometida por Jehová a los hijos de Israel como “tierra de uvas y miel”-, en los Evangelios –Juan el bautista se alimentaba de langostas y miel de abejas-, en el sagrado Corán -"Tu señor le ha inspirado a la abeja: construye moradas en las montañas en los árboles y también en las estructuras que erige el hombre...”-. Las abejas fueron usadas incluso como armas de guerra en la Edad Media donde eran lanzadas contra el enemigo con excelentes resultados.


México Prehispánico
En cuanto a nuestro continente, las culturas mesoamericanas lograron cultivar diversas variedades de los géneros Trigona y Melipona –más pequeñas y sin ponzoña- entre las que tuvo particular importancia la especie Melipona becheii bennett –que se utiliza todavía en Yucatán-. La apicultura de Centroamérica se practicó colocando las colmenas cerca de los hogares, mientras que en América del Sur, para obtener miel, los habitantes tenían que ir al bosque a las que cuevas que estaban en las rocas o al lugar en que encontraba el panal, cuidando de no matar a las crías y a las mismas abejas, ya que esperaban cosechar miel el próximo año. Tanto en la cultura mexica como en la cultura maya los productos apícolas eran tan apreciados que los tributos se cobraban con miel de abeja. Recordemos que en la Era Precolombina no se conocía el cultivo de la caña de azúcar por lo que la miel era el único dulce que conocían para preparar bebidas alcohólicas, o bien, para endulzar los atoles –bebidas hechas con masa de maíz-. En la religión indígena la abeja tiene una relación ritual con la agricultura. En el México prehispánico era apreciada la abeja no sólo por su miel sino también por la cera. Aún ahora en la península de Yucatán se cree que la cera negra de la abeja sin aguijón tiene gran fuerza como ofrenda. Estas ofrendas se hacen en forma de velas negras. La cera ocupa un lugar importante dentro de los subproductos de la miel, en la antigüedad los indígenas la utilizaron en la metalurgia llamada “la cera perdida”, consistiendo ésta en darle forma a las figuras de oro. En Teotihuacán la cera se ocupó en las ceremonias religiosas; los mayas hicieron figuras de animales, de hombres y de dioses, otras veces la ocuparon para hacer velas para alumbrarse, principalmente en los recintos religiosos. También la miel fue muy apreciada por sus propiedades curativas; se usa para las molestias de la garganta, padecimientos en los ojos, moretones, dolores durante el embarazo, trataban la epilepsia con miel y la sordera con aplicaciones de miel caliente con chile en los oídos. Además la miel fue utilizada como moneda y como objeto de un intenso comercio. En el “Sumario de la Natural Historia de las Indias” del mismísimo Hernán Cortés se menciona: “Hay muchas abejas que crían en las oquedades de los árboles y son pequeñas del tamaño de las moscas o más. Aunque éstas son menores abejas que las de España, la miel es muy buena y sana, pero es morena casi como arrope...”. En el códice Trocortesiano se hace evidente que la meliponicultura era una práctica que estaba más extendida y desarrollada de lo que estaba la apicultura en cualquier región de Europa en aquella época.


Época Novohispana.
A la llegada de los españoles, los indígenas pagaban parte del tributo con miel y cera. Con la llegada de los primeros se hubiera pensado también en la introducción de la abeja común europea, y aunque desde los inicios de la conquista los españoles mostraron interés por traer abejas desde España sin embargo con lo delicadas que éstas son resultó prácticamente imposible que soportaran los rigores de un viaje trasatlántico de dos o tres meses en las bodegas de un galeón; además la corona siempre consideró la venta de miel y cera como un monopolio real y exclusivo de España y sin embargo se sabe de varios intentos fallidos de introducir abejas melíferas en sus colonias. Posteriormente, debido a las actividades religiosas surgió una fuerte demanda de la cera de abeja, utilizada para fabricar velas, que eran absolutamente indispensables para oficiar la misa. Pero la llegada de Apis mellifera a la Nueva España no fue directa. Fueron introducidas primero por los colonos europeos por América del Norte, mérito que seguramente pertenece a los ingleses que supieron hacer mejores barcos y utilizaban rutas más cortas para llegar a sus colonias. En 1622 ya había abejas en la colonia Inglesa de Virginia y no fue hasta 1711que fueron llevadas a La Florida, que era por esos tiempos colonia de España. En 1763 los ingleses le arrebatan La Habana a los españoles, ocupación que duró sólo 11 meses, donde se llegó a un acuerdo entre las autoridades de ambas partes de intercambiar a la Florida, que era colonia de España, por La Habana usurpada por los ingleses, y bajo estas circunstancias, entró la abeja melífera en La Isla de Cuba. A pesar de que se tienen evidencias de que se introdujo a la abeja melífera al país –sólo en la región central- a finales de 1760, inicios de 1770, en 1797 no había referencias de la presencia de la abeja melífera en México ni en otras colonias españolas de la región. Se puede comprobar que los primeros testimonios de la llegada de la abeja melífera a Centroamérica y América del sur datan de los siglos XIX y XX. En 1834 fueron llevadas a Uruguay, en 1848 a Chile, en 1855 a Argentina, 1858 a Bolivia y 1911 a Yucatán. Probablemente, la lenta expansión de Apis mellifera por ésta región, se debe a la resistencia que pudo haber tenido en aquel entonces por parte de los criadores de melipónidos o abejas sin aguijón. Cabe mencionar que con la introducción de la caña de azúcar y el desarrollo de las grandes haciendas azucareras en la región central de -lo que sería ya-la República Mexicana la miel pasó a segundo lugar como producto y la necesidad de utilizarla como endulzante se redujo.


La apicultura durante el México Independiente y el Porfiriato.
Por la situación económica y política del recién independiente país, la apicultura estuvo durante decenas de años compartiendo la utilización tanto de la abeja europea como de la melipona y, en un gran rezago. Sabemos que a mediados del siglo XVIII, la abeja española llegó a México y se extendió por la región central del país y que no afectó mayormente la apicultura del sureste. Ya en el siglo XIX, se trajeron otras variedades de abejas europeas para mejorar la calidad –y cantidad-de los apiarios. A pesar del aprovechamiento de los productos en la industria y la economía doméstica, se ignoraban por completo los métodos para obtenerlos en bastante cantidad –de manera industrial-. Los agricultores en general acostumbraban cosechar las colmenas naturales que se encontraban casualmente; el poco conocimiento que se tuvo de nuestra abeja –la melipona- por el misterio de que estuvo rodeada la colmena, y las pocas ventajas que ofrecía su explotación, contribuyó a que hasta ésos momentos la apicultura fuese considerada como pasatiempo, como distracción, peor aún, como ocupación especial para los desheredados de la suerte. Por fortuna tal opinión errónea desapareció al introducirse la apicultura basada en el empleo de cubos de madera con marcos movibles (el uso de tal invención da pie a la apicultura moderna) y se veía a hombres adinerados y de gran habilidad comercial dedicados a este ramo por las abundantes utilidades que proporciona. Es de suponer que durante el mandato de Porfirio Díaz la apicultura recibió junto con otras actividades, un gran impulso y apoyo económico. En publicaciones de la época se mencionan una serie de recomendaciones para el nuevo apicultor –que no distan mucho de lo que se sabe en la actualidad- además de señalarse la poca inversión (de esfuerzo, tiempo y dinero) y experiencia que se requiere para instalar un Apiario o colmenar. Durante el movimiento Revolucionario la apicultura al igual que otras actividades sufrieron un abandono que se transformaría a partir del establecimiento de orden y progreso en el México Postrevolucionario.


La apicultura en el México actual
La producción de miel en México mantuvo una tendencia de crecimiento hasta 1986, cuando se alcanzó la producción récord al cosecharse 75,000 toneladas. Debido al arribo de la abeja africanizada (se buscaba una mejora genética con Apis adansoni, para resistir enfermedades) en 1986 y de la varroa (ácaro que ocasiona serias pérdidas a la apicultura) en 1992, así como por el impacto de huracanes y sequías prolongadas en diversas partes del país, un importante número de apicultores abandonaron la actividad, lo que ocasionó un decremento en los niveles de producción nacional. La tendencia decreciente con la que inició la década de los noventas se ha revertido en los últimos años, ya que de las poco más de 49 mil toneladas producidas en 1996 se alcanzaron casi 60 mil y 55 mil en 2000 y 2001, respectivamente. Actualmente 42 mil familias en todo el país dependen de la actividad apícola y se cuenta con un total de 1.351 millones de colmenas de las que 145,000 se utilizan para la polinización de cultivos frutales y agrícolas, que en su mayoría se destinan al mercado de exportación. Habida cuenta de la importancia de la apicultura en la actividad económica, el país cuenta con apicultores organizados (Organización Nacional de Apicultures y Asociación Ganadera nacional de Criadores de Abejas Reinas y Núcleos) así como con médicos veterinarios especialista en abejas (Asociación Nacional de Médicos Veterinarios Especialistas en Abejas, A.C.).

La principal producción apícola en México es la miel de abeja, seguida en menor escala por la cera, propóleo y polen. En 2008, México fue quinto productor mundial de miel de abeja y el tercer exportador, de acuerdo con la Organización Mundial para la Alimentación (FAO). Entre 2002 y 2006 la mayor parte de la miel exportada tuvo como destino Alemania (45% del total), el resto se exportó a Estados Unidos (20%), Arabia (8%), Bélgica 4%), Japón (1%), un conglomerado de otros países (22%). A pesar del aumento de exportaciones que se espera, se cree que la producción alcanzará para cubrir la demanda interna.

Independientemente de que gran parte de los apicultores del país lo conforman campesinos que llevan a cabo sus actividades de forma rutinaria y que la producción anual promedio de miel de abeja es de 56 mil toneladas (de la que aproximadamente el 44% se exporta principalmente a Europa); la invasión de la abeja africana y más recientemente la aparición del ácaro parásito Varroa destructor impactaron seriamente la apicultura de México; sin embargo, se implementaron programas de control que lograron reducir los efectos adversos de dichos artrópodos. Actualmente las autoridades sanitarias están en estado de alerta por la probable entrada al país del escarabajo de la cera Aethina tumida (o pequeño escarabajo de la colmena). A pesar de las emergencias sanitarias y los desastres naturales que periódicamente afectan a la apicultura, en el futuro próximo se vislumbra que México seguirá participando como uno de los principales productores y exportadores de miel en el mundo.


Fuentes:
http://itzamna.bnct.ipn.mx:8080/dspace/bitstream/123456789/1332/1/enriquesoto.pdf
http://redalyc.uaemex.mx/pdf/128/12801604.pdf
http://academic.uprm.edu/dpesante/4016/01-historia.PDF
http://corbiculados.blogspot.com/2009/03/breve-historia-de-la-apicultura.html
http://www.trabajo.com.mx/la_apicultura_en_el_mundo_y_en_mexico.htm
http://unidadabejas.blogspot.com/2008/04/la-apicultura-en-mexico.html
http://www.culturaapicola.com.ar/apuntes/historia/11_produccion_apicola_mexico.PDF
Boletín de la Dirección General de Agricultura (Febrero 1913, Año III, Número 2)
Boletín de la SAGARPA, 2009.
INEGI 2009

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