agosto 31, 2011

Resumen de un libro

Felipe Román López
Título: La isla de los perros
Autor: Miguel Alemán Velasco
Editorial: DIANA
Impresión: 3ª en Noviembre de 1983
Número de páginas: 200 (XXIV capítulos)

Al derruir e incendiar el Templo Mayor, uno de los sumos sacerdotes aztecas, maldice a los depredadores diciéndoles: -"¡-Así morirá toda su estirpe y así terminará toda su casa: quemada, destruida, sin quedar piedra sobre piedra y echarán sal sobre su tierra para que nadie la habite".

En la destrucción del Templo Mayor participó directamente Gil de Benavides, hermano de Alonso de Ávila, quien se sintió enfermo y hondamente preocupado por el anatema proferido.

A fines de 1521 Cortés determinó la reconstrucción de la ciudad de Tenochtitlán y se hace el reparto de los terrenos a los capitanes españoles, tocándole a Alonso de Ávila el lote donde estaba el Templo Mayor, que es conocido como "la isla de los perros", porque era el lugar más alto y, cuando llovía se inundaba todo alrededor, quedando la isla seca y en alto, donde se iban a refugiar los perros, hasta que bajaban las aguas.

Construyeron grandes mansiones en los sitios donde estaban las pirámides y templos aztecas.

El 15 de mayo de 1522, Cortés envió a Alonso, junto con el capitán Antonio de Quiñones en un barco, a España, para entregar al Emperador Carlos V, la 3ª. Carta de relación, junto con animales e indios y una abundante cantidad de oro y artesanías.

Cerca de las islas Azores, un barco pirata, comandado por Juan Florín, con bandera francesa, los apresó y junto con las enormes riquezas los llevó a Francia, donde Alonso estuvo prisionero durante 4 años. Finalmente fue liberado y regresó a México, para encontrarse con que lo  daban por muerto y sus propiedades habían sido adjudicadas a su hermano Gil de Benavides, quien casó con Leonor de Alvarado, hermana de Pedro de Alvarado y tuvo 4 hijos: 3 hombres y una mujer: Alonso de Ávila Alvarado, Gil y Francisco González de Alvarado y María.

Aunque demandó a su hermano no pudo recuperar sus bienes y se fue a vivir a Yucatán. Participó en la conquista de Jalisco y terminó su vida en un convento de la capital de la Nueva España., donde dejó de escribir su diario y, desesperado trató de desafiar a su hermano a duelo. Pidió a Dios que su hermano y sus hijos no gozaran su hacienda…y, así fue:

Alonso fue asaltado una noche en que, después de estar en un garito, se dirigía al convento y, apareció al día siguiente muerto cerca del convento, con la garganta atravesada por un puñal y despojado de joyas y dinero.

Francisco, el más pequeño de los hijos de Gil, un domingo, después de oír misa, cayó en un profundo pozo excrementicio o letrina. Tardaron 3 días en recatar el cadáver.

Una noche Gil de Benavides había bebido más de la cuenta y regresaba a su mansión, cuando fue asaltado, siendo apuñalado por la espalda y otro le clavó la espada en la garganta. Casi lo degollaron al tratar de sacarle la gruesa cadena de oro y medalla de su cuello.

María, era una hermosa mujer que tenía muchos pretendientes pero no aceptaba a ninguno. Encontrándose en la catedral, después de misa se le acercó un caballero que la sedujo. Era un estudiante de la universidad llamado Fernando Urrutia.

Al saberlo sus hermanos, obligan al estudiante a que se fuera a España, dándole 4000 ducados y, a María la obliga a ingresar a un convento.

A los 4 años de encierro, sin haber profesado, los hermanos falsifican cartas donde hacen saber que Fernando había muerto. Entonces María profesó, tomando el hábito perpetuo de color negro.

El pretendiente decidió regresar a la Nueva España y, estando en Veracruz, le hizo llegar a María una carta donde le comunicaba su arribo. Al saber ella que ya no podría casarse por haber profesado, se suicidó ahorcándose de un árbol del jardín del convento de la Limpia Concepción de Nuestra Señora.

Los otros 2 hijos de Gil: Alonso y Gil, tuvieron también un  trágico final.  Resultó que Martín Cortés, 2º Marqués del Valle, el hijo que Hernán Cortés tuvo con su esposa española, Juana de Zúñiga, llegó a la ciudad pretendiendo reclamar para si su derecho a ser el Rey de la Nueva España.

En una reunión los Ávila Alvarado decidieron apoyarlo, pero fueron denunciados por un clérigo ante la inquisición, como traidores al Rey Felipe II. Fueron apresados, torturados en la cárcel de la inquisición y condenados a muerte por decapitación, la que se efectuó en un cadalso improvisado en la plaza mayor, siendo decapitados ambos con el hacha del verdugo.

Sus bienes les fueron decomisados.

Martín Cortés, el hijo de la Malinche, también fue acusado de conjurar, fue torturado y enviado de regreso a España.

El autor se pregunta si se cumplió la maldición de Huitzilopochtli.

Los últimos capítulos del libro se refieren al fin que ha tenido el predio o isla de los perros, donde se edificaron varios edificios, que fueron destruidos y reedificados.
En la época del Presidente López Portillo encontraron el monolito de la Coyolxauhqui, lo que motivó que el presidente ordenará el decomiso de las casas y su demolición para descubrir los restos del Templo Mayor Azteca.

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