mayo 15, 2011

Viaje de estudios a la Texas A&M University


Irene Joyce Blank Hamer



Un día mi padre dijo que el grupo estaba muy inquieto, ya era el último año y tenían que hacer su tesis; eso les tomaría por lo menos un año y la mayoría no contaban con recursos económicos suficientes.

“Que vayan a una universidad a los Estados Unidos… yo daría una buena cantidad de dinero y puedo pedir apoyo a unos amigos”

Papá sugirió que ellos acudieran a entrevistarse con los posibles patrocinadores. Llegaron de traje, muy formales. Ya había dinero.

Acudí con el Dr. Daniel Mercado, entonces director de la Escuela, me quería mucho, sabía muchísimo de farmacología resolvió mis dudas siempre que lo necesité para aplicar algún tratamiento. Fue mi profesor de farmacología y, a pesar de no ser muy buena con la bioquímica, obtuve un 10. Yo platiqué con él lo del proyecto del viaje y dijo: “Su papá merece una medalla, es lo que se necesita. Yo pongo el autobús y el chofer”.

El Dr. Mercado escribió a Texas A & M, Una carta que yo le ayudé a redactar, aunque el Dr. Si sabía inglés, me pidió ayuda para que quedara perfecta. La Universidad contestó que sí, otorgaron hospedaje, alimentos, clases y visitas.

El autobús tuvo muchos problemas pero dos días después llegamos. Era una carcacha, pero logró llegar y volver. Por la frontera pasamos sin ningún contratiempo, no nos revisaron a la ida pero si al regreso.

Nos hospedaron en una casa con 11 habitaciones dobles con teléfono. Yo era la representante porque era la jefa del grupo y porque hablaba inglés, yo les traducía todo. Nos dieron muy buena alimentación.

Eloy era muy moreno, le decían “El negro”. Le acomplejaba un poco y con lo que sabía del Ku Kux Klan, iba verdaderamente asustado. Los compañeros le llamaban por teléfono amenazándolo en broma. El pobre Eloy estaba aterrado. Yo los descubrí, lo regañé y exigí que se disculparan. Así lo hicieron.

Me preguntaron que nos interesaba, uno por uno.

A Bravo le interesaban las aves, fuimos a ver cómo las criaban y a tres plantas de producción. Bravo hizo una maestría en Arizona en aves y trabajó en una importante empresa en el Norte de México.

Los Ibarra comentaron que les gustaba el rancho, la zootecnia y la medicina para bovinos. Visitamos plantas productoras de leche y carne. La mayoría quería bovinos, aves y a algunos cabras y borregos.
La estancia duró una semana. Hubo un juego de football americano, a mi no me gustaba, a los demás sí. Nos invitaron a presenciar el ritual, por la noche hubo una fogata y porras. Al vernos tan entusiasmados, nos invitaron a presenciar el partido. Un viaje de una hora en tren, fue domingo. ¡Ganamos!
Yo le escribía diario al Dr. Mercado. El correo normalmente tardaba tres días en llegar, pero yo le informaba todo lo que ocurría. Sierra también le escribió algo. El Dr. Mercado se comunicaba con Texas a & M, estaba muy complacido con nuestro comportamiento. Al chofer también lo hospedaron y le dieron de comer.

Fuimos todo el grupo, 20, los nombres que recuerdo son:

Jesús Tavizón Araiza, primer director de la Escuela de Medicina Veterinaria y Zootecnia de Veracruz (1957-1969).

Zacarías Ibarra Montiel

Blas Ibarra Montiel, los hermanos Ibarra fueron profesores fundadores de la Escuela de Ganadería, hoy facultad de Zootecnia en Chihuahua (1957).

Gabriel Galván Acuña

Ignacio Antonio Figueroa Gutiérrez

Antonio Durán Espinosa

Luis Covarrubias González de Cosío

Ramón Ledesma Sánchez

Eloy Tovar Cruz

Pedro Ortíz Trejo

Héctor Bravo Borquez

Alfonso Sierra

José Cobian, se dedicó a zootecnia y medicina. Después estuvo en unos laboratorios que utilizaron por primera vez el virus vivo, a la Dra. Graciela Gallegos y a mí nos daba miedo utilizarlo, él iba a nuestro consultorio y platicábamos horas por las tardes.

Tarde o temprano, todos se graduaron.

Al regreso, el Dr. Mercado pidió a varios sus impresiones. Era un hombre muy introvertido, casi a nadie le agradaba, siempre estaba trabajando, en ocasiones a altas horas de la noche. Yo lo recuerdo con cariño. En 1949 tomé anatomía con alguien que inyectaba formol ¡estando vivos los perros! Yo me indigné y fui a ver al director; él bajó a ponerlo en su lugar. Ese profesor me odió, mandaba a su ayudante, quién odiaba a las mujeres y a los americanos, a examinarme. Aprobé con muchos trabajos. A raíz de ese incidente yo quería abandonar la carrera, pero entre el Dr. Mercado y el Dr. Fraustro, me convencieron de que no lo hiciera, que la actitud de ese profesor era un caso aislado.

Recuerdo ese viaje de estudios con mucho cariño, nos trataron como reyes

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